Siempre vale la pena restaurar las relaciones.

 

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Restaura el compañerismo

 

Dios... por medio de Cristo nos reconcilió

consigo mismo y nos dio

el ministerio de la reconciliación.

2º Corintios 5:18 (NVI)

 

 

 

Como la vida se resume en aprender a amar, Dios quiere que valoremos las relaciones y nos esforcemos por mantenerlas, en lugar de descartarlas siempre que se produzca una división, Trabajar por la paz no es evitar los conflictos. Huir de los problemas, aparentar que no existen o tener miedo de hablar de ellos es cobardía.

 

Hay siete pasos bíblicos para restaurar el compañerismo:

 

1.. Habla con Dios antes que con la persona. Conversa con Dios acerca del problema. Nuestras relaciones serían mejores si sólo oráramos más por ellas.

 

2. Toma la iniciativa siempre. No importa quién haya sido el ofendido Dios espera que des el primer paso. No esperes por la otra persona. “Si entras en tu lugar de adoración y, al presentar tu ofrenda, recuerdas de pronto que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda, ve directamente a donde se encuentra tu amigo y hagan las paces. Entonces, y sólo entonces, vuelve y relaciónate con Dios.

 

3. Sé comprensivo. Usa tus oídos más que tu boca, escucha atentamente los sentimientos de la otra persona.

 

4. Confiesa tu parte en el conflicto. Comienza admitiendo tus propios errores o pecados. Jesús dijo que debes sacar primero “la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano”. Como todos tenemos un punto ciego, puede ser necesario pedirle ayuda a un tercero para que te ayude a evaluar tus propias acciones antes de reunirte con la persona con quien tienes un conflicto. La confesión es una herramienta muy poderosa para la reconciliación. Asume la responsabilidad que te corresponde por tus errores y pide perdón.

 

5. Ataca al problema, no a la persona. No es posible arreglar el problema si buscan quién tuvo la culpa. La Biblia dice: “La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego”.

 

6. Coopera tanto como puedas. Pablo dijo: “En cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos”. La paz siempre tiene un precio. Puede costarnos nuestro orgullo

 

7. Haz hincapié en la reconciliación, no en la solución. La reconciliación se enfoca en la relación, mientras que la resolución se concentra en el problema. Cuando nos concentramos en la reconciliación, el problema pasa a un segundo plano de importancia y hasta puede tornarse irrelevante. La reconciliación consiste en enterrar el arma, no el asunto.

¿A quién debes contactar como resultado de este capítulo? ¿Con quién necesitas restaurar el compañerismo? No lo postergues ni un segundo más.

 

 

Versículo para Memorizar:

“Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos”. Romanos 12:18 (NVI)

 

Que vamos a hacer:

Restaurar sin retraso cualquier relación rota.

 

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