El significado de la vida es compartir.

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Viviendo la vida… Juntos

 

!!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
Habitar los hermanos juntos en armonía!

Salmos 133:1

 

 

La verdadera comunión es mucho más que asistir a los servicios dominicales. Consiste en amar desinteresadamente, compartir con corazón sincero, servir, hacer sacrificios, consolar a los que sufren. En la comunión cuanto más pequeño sea el grupo, mejor. Con una multitud se puede adorar, pero no se puede tener comunión. Cuando los grupos son superiores a diez personas. Algunas dejarán de participar (por lo general las más calladas) y otras ejercerán dominio.

 

Jesús ministró en el contexto de pequeños grupos de discípulos. Pudo haber elegido a más, pero sabía que doce es prácticamente el tamaño máximo posible para permitir la participación de todos. El cuerpo de Cristo es como el tuyo, es una colección de varias células pequeñas. La vida de la Iglesia igual está en las células, debido a esto, todos los cristianos necesitan estar comprometidos con un pequeño grupo dentro de cada iglesia, porque la verdadera comunidad se gesta en esos lugares, no en las reuniones masivas. Piensa en la iglesia como en un barco, los pequeños grupos son los botes salvavidas.

 

Dios ha hecho una promesa increíble con respecto a los pequeños grupos de creyentes: “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

 

4 Beneficios de vivir la vida Juntos

 

En la comunión experimentamos autenticidad. El verdadero compañerismo ocurre cuando la gente es honesta con lo que es y con lo que hace: comparte sus penas, revela sus sentimientos, confiesa sus fracasos, manifiesta sus dudas, reconoce sus temores, admite sus debilidades, y pide la ayuda y oración de los demás. Pero la gente se pone máscaras, está a la defensiva y se conduce como si su vida fuera un lecho de rosas y estas actitudes matan la verdadera comunión.

 

Podremos experimentar la verdadera comunión sólo si somos transparentes en nuestra vida. La Biblia dice: “Si vivimos en la luz, así como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros... Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad”.

 

El mundo cree que la intimidad necesita oscuridad, pero Dios dice que ésta ocurre en la luz. La oscuridad sirve para esconder nuestros dolores, culpas, temores, fracasos y fallas. Pero al sacarlas a la luz, las ponemos a la vista y admitimos quiénes somos en realidad. Porque es la única manera de crecer espiritualmente y conservar nuestra salud emocional. La Escritura indica que “nuestra práctica debería ser: confesarnos unos a otros nuestros pecados y orar unos por otros para poder vivir todos juntos y ser sanados”. Sólo podemos crecer si nos arriesgamos, y no hay riesgo mayor que ser sinceros con nosotros mismos y con otros.

 

En la comunión experimentamos reciprocidad. La reciprocidad es el arte de dar y recibir, la reciprocidad es el corazón de la comunión: Somos más sólidos en nuestra fe cuando aminamos junto a otros que nos animan. No eres responsable de cada persona del cuerpo de Cristo, pero tienes una responsabilidad con ellos.

 

En la comunión experimentamos compasión. La compasión es comprender y compartir el dolor de los demás. La compasión dice: “Entiendo lo que te está pasando, y lo que sientes no es raro ni es una locura”. La compasión satisface dos necesidades humanas: ser entendidos y apreciados. Cada vez que entiendes y aprecias los sentimientos de alguien, estableces comunión. El problema es que muchas veces tenemos tanta prisa para arreglar las cosas, que no tenemos tiempo para expresar nuestra compasión;  La Palabra de Dios nos manda: “Cuando tengan dificultades, ayúdense unos a otros. Esa es la manera de obedecer la ley de Cristo”. Es en los momentos más intensos de crisis, dolor y duda cuando más nos necesitamos unos a otros. Cuando las circunstancias nos aplastan y nuestra fe se derrumba, es cuando más necesitamos a nuestros amigos creyentes. Necesitamos contar con un pequeño grupo de amigos que tengan fe en Dios para permitirnos salir adelante.

 

En la comunión experimentamos misericordia. La comunión es un lugar de gracia, donde en vez de enfatizar los errores, éstos se resuelven. La comunión se genera cuando la misericordia triunfa sobre la justicia. Todos necesitamos misericordia porque todos tropezamos y caemos y necesitamos que alguien nos ayude a ponernos en pie y en camino.

 

No es posible tener comunión sin perdón. Dios nos dice: “No guarden rencor”, porque la amargura y el resentimiento destruyen la comunión. El perdón debe ser inmediato, pero la confianza se reconstruye con el tiempo. El mejor lugar para restaurar la confianza es dentro de un pequeño grupo para animarnos mutuamente y ser responsables unos de otros. Es una parte esencial de tu vida cristiana que no puedes desatender. Por más de dos mil años los cristianos se han reunido regularmente en pequeños grupos para vivir en comunión y sólo el Espíritu Santo puede crear la comunión verdadera entre los creyentes.

 

5 Requisitos para vivir la vida juntos.

 

La vida en comunidad requiere sinceridad.

Debes estar lo suficientemente interesado para decir la verdad, incluso cuando prefieras pasar por alto un problema o no tratar un asunto espinoso. Salomón dijo: “Una respuesta sincera es el signo de una verdadera amistad”. La comunión verdadera depende de la franqueza, ya se trate de un matrimonio, una amistad o tu iglesia. Es triste, pero la falta de sinceridad ha destruido miles de relaciones.

 

La vida en comunidad requiere humildad.

El orgullo erige murallas entre las personas; la humildad construye puentes, es como el aceite que suaviza las relaciones y lima las asperezas. “Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes”. El orgullo bloquea la gracia de Dios en nuestra vida, la que necesitamos para crecer, cambiar y avanzar.

 

La vida en comunidad requiere amabilidad.

La cortesía o amabilidad consiste en respetar nuestras diferencias, tener consideración por los sentimientos de otras personas y ser tolerantes con las que nos molestan. En todas las iglesias, y en cualquier grupo pequeño, habrá siempre por lo menos una persona “difícil”. Éstas pueden tener necesidades emocionales especiales, inseguridades, malas costumbres o malos hábitos.

 

Una de las claves para la amabilidad es conocer los orígenes de una persona: descubre su historia. Cuando sepas lo que esa persona ha atravesado, serás más comprensivo. En lugar de pensar en todo lo que tiene que aprender, pensarás en todo lo que ha progresado, La comunidad verdadera se produce cuando la gente se siente segura para poder expresar sus dudas y temores con la certeza que no la juzgarán.

 

La vida en comunidad requiere confidencialidad.

Una atmósfera segura que las haga sentirse cálidamente aceptadas y donde puedan desahogarse con confianza que lo que se expresa dentro del grupo no sale afuera de él, y nadie saldrá a contar chismes.

 

La vida en comunidad requiere contacto frecuente.

Debes tener contacto frecuente y regular con tu grupo para construir una comunión genuina. Para cultiva una relación se requiere tiempo. La Biblia nos dice: “No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros”. Debemos desarrollar el hábito de reunirnos. Un hábito es algo que hacemos con frecuencia y regularidad, no ocasionalmente. Debemos pasar tiempo juntos, para construir relaciones sólidas. ¡Los primeros cristianos se reunían todos los días! “No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad”.  Así también lo haremos nosotros, amen.

 

 

Versículo para Memorizar:

 “Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo” Gálatas 6:2 (NVI)

 

 

Que vamos a hacer:

Un compromiso o pacto.

 

 

En 2 Palabras:

 

 

 

 

ü Para vivir en comunidad… Necesito otras personas en mi vida.